tipos de viajero (1): El viajero extraviado
Entre dos puntos cualesquiera, el viajero extraviado tomará inevitablemente el camino más largo. Entre una calle tortuosa y una amplia avenida, escogerá siempre la primera.
El viajero extraviado nunca deja el camino y se pierde incluso en las ciudades que conoce. Cuando no tiene nada que hacer le da por buscar plazas encajonadas entre bloques de ladrillo, polideportivos cubiertos de pintadas chismosas. Aunque pueda parecer aburrido, el viajero extraviado disfruta con estos paisajes cotidianos y hasta se sienta en los bancos a mirar pasar a la gente, igual que los viejos. Porque lo que más le gusta a los viajeros extraviados es precisamente adivinar a través de las caras y los gestos de la gente sus más íntimas miserias.
El viajero extraviado –al contrario que le sucede al viajero coleccionista, del que hablaremos más adelante–, no se pone nervioso cuando llueve o descubre que el monumento que tanto quería ver cierra el día en que fue a visitarlo. El viajero extraviado prefiere incluso no mirar los horarios de los trenes, y si lo hace es porque le angustia la idea de perderse para siempre en una ciudad interminable.
El viajero extraviado es capaz de emprender varios viajes a la vez e imaginar que pasea por una ciudad cuando lo hace por otra. A veces, mientras mira al mar desde una cafetería, lee un libro en el que se habla de altas montañas nevadas. El viajero extraviado sonríe entonces, tal vez porque la razón de sus viajes es precisamente esa sensación de lejanía y libertad. O tal vez porque al no encontrarse en ningún lugar llega a comprender que todo su recorrido es, visto desde el cielo, un trazo circular sobre las delgadas líneas del mapa.






